(A los extremeñ@s que nunca dejaron su tierra)
Se dice que en Extremadura nacían dioses; lejos de la realidad lo que siempre nacieron y siguen naciendo fueron emigrantes. Durante las décadas 50-60 fue tal la sangría que sufrió esta Tierra que hoy los emigrantes y sus hijos superan en número a los extremeños que viven dentro de la Comunidad. Esta composición propia pretende ser un homenaje merecido a aquellos a los que, el amor a la tierra o el miedo a lo desconocido, pudo más que la miseria y el hambre y se quedaron en su Tierra para siempre. De los que casi nunca se ha escrito nada y que fueron los verdaderos hijos del hambre.
Se dice que en Extremadura nacían dioses; lejos de la realidad lo que siempre nacieron y siguen naciendo fueron emigrantes. Durante las décadas 50-60 fue tal la sangría que sufrió esta Tierra que hoy los emigrantes y sus hijos superan en número a los extremeños que viven dentro de la Comunidad. Esta composición propia pretende ser un homenaje merecido a aquellos a los que, el amor a la tierra o el miedo a lo desconocido, pudo más que la miseria y el hambre y se quedaron en su Tierra para siempre. De los que casi nunca se ha escrito nada y que fueron los verdaderos hijos del hambre.
Sabiendo como tú sabes
nunca crecerán los panes
más que fatiga y dolor
Seguro, estás seguro
que los surcos que tú labras
no tienen ningún futuro
por más que dobles la espalda
Queriendo como los quieres
tus hijos ya se marcharon
las que aquí nunca encontraron
Ahora vives pensando
que atrás quedaron sus males
cambiaron su vida en el campo
por asfalto y arrabales
cambiaron su vida en el campo
por asfalto y arrabales
Como el agua del torrente busca la salida
Como ese niño hambriento que implora y mendiga
Como la abeja que busca y no encuentra su enjambre
Así quemaron su vida los hijos del hambre
Autor Francisco Serrano Pérez


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